
Cuando se trata de un filme basado en un texto literario, una fuerte tentación en la que aconsejan no caer es la comparación entre uno y otro, ya que, como se sabe, son dos expresiones artísticas diferentes y cada una se ajusta a sus propias posibilidades estéticas, por nombrar sólo dos entre tantos argumentos razonables. Esto, digamos, puede ser válido para los casos en que el filme fue del agrado del espectador; cuando no, no habría que dudar un instante en aferrarse al texto literario de que se trate y reivindicarlo como a una inocente víctima, o bien condenarlo junto al filme si es tan malo o peor que este. Tres de corazones está basado en El taximetrista, de Juan José Saer, uno de sus mejores cuentos, cuya compleja y oscura trama el director Sergio Renán destruye despiadadamente (como ya supo hacerlo con otros logros de la literatura latinoamericana, y un caso ineludible es la extraordinaria novela El sueño de los héroes de Bioy Casares). La máxima catástrofe es la del guión, donde por ejemplo se resaltan detalles que en el cuento de Saer funcionan como verdaderos giros apoteósicos pero que en la película resultan banalidades difíciles de soportar, como si para describir la belleza de Marilyn Monroe bastara con detenerse únicamente en su lunar. Otra cosa para lamentar del guión es que junto a Renán y Rubén Mira participó en la elaboración del mismo Carlos Gamerro, un gran escritor. Los actores son Nicolás Cabré, Mónica Ayos, China Zorrilla, Roly Serrano y Luís Luque, de los cuales sólo los dos últimos, y sobre todo Luque, merecen compasión.


