jueves, 2 de junio de 2011

NAZIS AL USO NOSTRO

Porporato y una metáfora de la dictadura


"LA CRISÁLIDA" // COLECCIÓN VICEVERSA

Mucho se ha escrito sobre los años oscuros de la dictadura militar en la Argentina, aunque quizá nunca resulte suficiente para no olvidar y que nunca más suceda. Augusto Porporato, periodista y escritor, retoma en La crisálida la cuestión de los experimentos salvajes que realizaban los médicos del nazismo e imagina algo similar en el país. En este caso, no se trata de aspectos físicos sino psicológicos los que se manipulan sin piedad y en secreto en un centro teóricamente destinado a la salud.

El resultado es una novela que atrapa, no sólo por la vulnerabilidad de sus personajes –hombres y mujeres encerrados en un micromundo, esperando el “nacimiento”: de allí el acertado título– sino también por el desquiciado plan de quien dirige ese ¿manicomio?, ¿hospital?, ¿cárcel?, para generar una nueva sociedad.

Porporato, también autor de Punto de fuga –que fuera finalista de los premios Planeta y Emecé–, apela a situaciones simbólicas como espejo de la sociedad de aquellos años, de sus escasas virtudes y sus múltiples crímenes. Y lo hace con rigor estilístico y un lenguaje cuidado que refleja, también, una búsqueda estética personal.

miércoles, 18 de mayo de 2011

ESCRITORES INCUNABLES PRESENTAN LIBROS Y REVISTAS EN LAS BREÑAS


Los escritores Miguel Ángel Moreyra, Alfredo Germignani y Mariano Quirós presentarán este jueves 19 de mayo, a las 20, en la biblioteca pública Juan Alberdi de Las Breñas (Lavalle, entre General Güemes y Rivadavia). Además, escritor y director de la revista Cuna, Pablo Black, presentará la Colección Viceversa, que contiene varios títulos de autores chaqueños y cordobeses. La actividad cultural fue organizada por el Consejo de Educación, coordinado por la profesora Griselda Galeano.

Miguel Ángel Moreyra dará a conocer El viento arde sobre el pueblo, Mariano Quirós hará lo propio con sus novelas Robles y Torrente, y Alfredo Germignani presentará su reciente delirio narrativo Ciudad Espectral. Pablo Black, por su parte, difundirá los trabajados realizados por la revista de cultura Cuna, y explicará en qué consiste la colección de libros Viceversa, que reúne a escritores de Córdoba y de Chaco.

miércoles, 11 de mayo de 2011

QUIRÓS, QUÉ PUNTERÍA!!!


Mariano Quirós, ganador del 2º certamen nacional de novela “Laura Palmer no ha muerto”


Finalmente, luego de un arduo y enriquecedor trabajo de lectura y selección, el jurado integrado por los escritores Selva Almada, Federico Levín y Daniel Krupa y por el escritor y editor de la colección Ricardo Romero, decidió otorgarle el Primer Premio a la novela Río Negro, del autor chaqueño Mariano Quirós, presentada con el seudónimo “Alejo Luna”. La novela fue elegida entre 59 obras presentadas de todo el país.

Además de este primer premio, el jurado decidió entregar dos menciones especiales. La Primera Mención para la novela Con pies de cedro, de Germán Coiro, presentada bajo el seudónimo “Al Durán Deu”. Y una Segunda Mención para la novela En algún otro lugar, del escritor marplatense Néstor Sebastián Chilano, presentada con el seudónimo “Cimarrón”.

“Este año, la editorial ha decidido hacer la entrega de premios junto con el lanzamiento de la novela ganadora, en el mes de septiembre de este año.

Sólo nos queda decir que estamos muy contentos de poder haber hecho esta segunda convocatoria, y agradecerles a todos los participantes por depositar en nosotros su confianza y sus obras. Esperamos poder seguir realizando este concurso, para seguir constatando año a año que las nuevas generaciones de escritores argentinos tienen mucho para contar”, dijeron desde el jurado.

lunes, 9 de mayo de 2011

RADAR EN LA TORMENTA


Por Sergio Kisielewsky

Publicado en Página/12 - Domingo 8 de Mayo // Suple Radar

“Enrique, mi marido, es viajante, pero hace seis meses que no tiene trabajo. No viaja. Está acá en casa la mayor parte del tiempo, y cocina.” Estas frases lacónicas pero elocuentes pertenecen al cuento “¿Cuánto calzan los chicos?” y es el puntapié inicial para construir lo prioritario en un cuento: algo tiene que ocurrir y mucho se debe sugerir por debajo del texto. De alguna forma se describen allí en forma oblicua las consecuencias sociales de aquella Argentina hecha añicos luego de las privatizaciones de empresas del Estado y la apertura total de mercado en los años ’90. Germán Parmetler da una estocada en los ojos del lector.

Parmetler nació en Resistencia, Chaco, en 1981. Es docente, cantor y letrista de Cortina de Humo, banda de rock nacional. Marido y mujer se alternan en la historia para dar su punto de vista y eso trae más jugo a la trama. El suspenso se toca allí como a un animal tembloroso y la sospecha crece a medida que se cierra el círculo narrativo. Este es el tono más alto de un libro que bien se puede comparar en su abordaje estético con las Historias mínimas de Carlos Sorín en el cine. Un profesor obeso cuenta en primera persona sus memorias en “Un santo diferente”. La insatisfacción sexual, la monotonía pueblerina, los vecinos histéricos y alcohólicos y, al fin, el recuerdo de Cristina, su gran amor de juventud.

Son palabras que de pronto se salen de cuadro, que rompen la cadencia excesiva de los primeros relatos y echa la nave al mar con más urgencia por el riesgo de crear un modo de decir que esté a la altura de lo que se nombra. Paisajes que evocan en pequeños refugios e inexplicables intemperies los entrañables poemas de Alfredo Veiravé, que vivió en el Chaco gran parte de su vida. Imposible no nombrar aquí su poema Radar en la tormenta (“Y alguna vez, no siempre, guiado por el radar/ el poema aterriza en la pista, a ciegas, / (entre relámpagos)/ carretea bajo la lluvia, y al detener sus turbinas, descienden de él, pasajeros aliviados de la muerte: las palabras”), sus lapachos y su estilo epistolar de trabajar las imágenes.

“Se levantó y toleró el temblor de piso” narra Parmetler en el cuento “Flamencos en celo tras conejos enormes”, dando con su principal recurso, el de contar los hechos mientras se conoce el objetivo final: que al lector lo arrope la intimidad de un bosque, una vegetación exuberante mientras un hermano menor acompaña al mayor en el tránsito de irse de su casa.

Detalles, perplejidades, luces y sombras en ciudades pequeñas donde todo parece a punto de volar por los aire

jueves, 5 de mayo de 2011

LA MUJER BARBUDA ESTÁ FELIZ

Por Pablo Black


Alguna vez, en ocasión de su libro anterior, se me ha dado por referirme a Alfredo Germignani, o a Fernando Funes (ya no sé cómo llamarlo, pues todo se ha puesto muy loco) como la un tanto monstruosa mujer barbuda; siempre hablando en términos literarios, por supuesto.

Y tenía mis buenas razones para definirlo de esa manera: Germignani era el escritor más freak que yo conocía, un escritor al que gustaba inventar personajes trágicos, sórdidos, oscuros, siempre en estado de precipitación, personajes que oscilaban entre Dostoievski y el culebrón venezolano, y ante los cuales el desconcertado lector no sabía muy bien cómo reaccionar, si llorar o reír.

Lo llamé la mujer barbuda porque el universo de sus ficciones era un mundo de crípticas canciones en inglés, de bares y habitaciones penumbrosas, de endogamias y monomanías, de sexualidad obscena y malvada, donde una vagina, una boca, un pene o una teta no podían ser simples objetos de placer, sino que tenían que ser las armas del mismísimo Satanás o alguna otra cosa peor.

La mujer barbuda porque además estaba la cuestión del vocabulario, Germignani usaba la palabra “diantre” en vez de “mierda” o “carajo” o cualquier otra, usaba “se la está tirando” en vez de “se la está cogiendo”, usaba “zurrar” en vez de “golpear” o “cagar a palos”, usaba “remembrar” en vez de “recordar”, y usaba, escuchen bien, usaba “chalado” en vez de “loco”… Y, claro, a esa altura uno ya no podía evitar suponer que el único chalado en toda esta historia era el mismísimo Alfredo Germignani, y que sin duda alguna se trataba de la única mujer barbuda en el circo de la literatura chaqueña, un circo en el que, dicho sea de paso, hay muy pero muy pocos equilibristas, un solo domador de leones, un maestro de ceremonias que siempre está ausente, un par de buenos payasos y sobre todo muchos enanos que quieren hacerse los magos. Mago no hay ninguno.

No obstante eso era antes, en ocasión de sus anteriores libros. Ahora, con la publicación de Ciudad espectral, la cosa es distinta y ya no alcanza con llamarlo la mujer barbuda. O quizás sí, pero habría que decir algo más, algo del tipo la mujer con barba de todos colores, o la mujer barbuda psicodélica que fuma porro y se pone muy pero muy copada. Con todo, lo que quiero decir es que con Ciudad espectral, Germignani demuestra haberse convertido en mucho mejor escritor de lo que era. Como dijo Lucas Brito Sánchez, “atrás parece haber quedado la angustia metafísica de sus anteriores libros, ahora la muerte es una presencia tilinga, popular y casi democrática”. Lo que antes desconcertaba al lector, la duda de si dejarse llevar por la risa o por la solemnidad, ahora queda definitivamente zanjado, pues Germignani optó por la risa y esa sola decisión le supuso grandiosos beneficios.

Me gustaría decir qué cosa es Ciudad espectral, pero me temo que no lo sé, aunque siempre se puede decir algo, por supuesto, incluso sin mentir. Es una novela de zombis, supongo que la primera del Chaco, y está hecha con la misma pasta de absurdidad con la que se hacen las novelas y películas de zombis, y aún contiene su buena cuota de crítica política y social, como corresponde a los mejores ejemplares del género. Pero a quién le importa eso, lo que está capísimo de Ciudad espectral es que en ella nos encontramos con un sinfín de historias a cual más hilarante, y que por momentos nos hace verdaderamente matar de risa. A Germignani parece no importarle ya nada y escribió su libro movido por la fuerza de la diversión, la diversión de sus lectores, pero en especial la propia diversión, y cualquiera sabe que no se puede pedir mejor energía a la hora de sentarse a trabajar.

Alfredo Germignani es un escritor original y ello por una ventaja natural. Ya lo dijimos, Alfredo tiene gustos un tanto freak y en esta novela ha sabido aprovecharse como nunca de sus preferencias. Y nosotros muy agradecidos. Pero diversión y esperpento no es lo único que encontraremos: esta feria de variedades tiene mucho más para ofrecer. Por ejemplo, puede que aquí y allá se queden con la boca abierta al leer párrafos como este: “siempre hemos sido, a pesar de lo que digan los noticieros, zombis idiotas vagando alrededor del mundo, descuartizándonos entre nosotros por una vida nueva, cuando en realidad todo lo que querríamos es hacerle el amor a Rita Hayworth o James Dean”, ciertamente un párrafo que cualquier escritor de policial negro le envidiaría a Germignani.

Lucas Brito Sánchez también ha dicho que Germignani escribe para el futuro, lo cual es una forma de decir que el tipo está solo como un perro en lo que hace. Perfecto, entonces, no hay problema, así es como deberíamos estar todos. Pero hagamos como hizo Germignani, y de estar solos con angustia metafísica, pasemos a estarlo muertos de risa. Ahora que se tiñó la barba de colores y que fuma unos buenos porritos, la mujer barbuda está mucho más feliz, y nosotros también.